lunes, 24 de diciembre de 2012

Un cuento por Navidad


Corrían los niños por el parque al atardecer, era un juego sencillo como tantos otros; de pronto Jaime se cruzó de brazos y enfurruñado gritó a Miguel:

-¡Qué así no era!, ¡que me tocaba a mí la vez!
- Qué quieres que te diga, - respondió con sorna su amigo - pues a mí me parece que me tocaba a mí.
- ¡Chincha!, pues va a ser que no.
- ¿A que no te ajunto?...

Así hubieran estado, discutiendo hasta la madrugada (chiquilladas, cómo no), si sus madres no les hubieran llamado para la cena de Nochebuena. Ellos miraron asombrados, como despertando de un sueño
al oír las dulces voces que les reclamaban y con paso ligero se encaminaron a sus hogares.

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La familia de Jaime ya estaba en la mesa; el tío Julián comenzaba ya a saborear el jamón cuando el abuelo, tintineando con la cucharilla de postre en la copa de vino mandó callar a todos, tenía algo que decir:

- Me alegra ver aquí a todos mis nietos juntos de nuevo después de nueve años, y mas sabiendo que no me volverán a ver...

Se hizo un tenso silencio, hasta ese momento sabían que el abuelo estaba enfermo, pero no sabían el alcance del mal.

- Pero no os pongais tristes por mi culpa, que hoy es día de celebración y alegría; ya llegará el momento de llorarme, de momento disfrutad conmigo de una última y auténtica Navidad. Apagad el televisor y cantad hijas mías como vuestra madre os enseñó.

Quizás fue que sus palabras obraron el milagro, o puede que no tuviesen nada que ver... el caso es que aquella Nochebuena fue de las mas felices para Jaime y sin duda la que le llegó mas hondo al corazón.
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Miguel estaba sentado disfrutando de los polvorones y con un ojo puesto en su madre; bien sabía ya que Santa Claus lo había inventado la Cocacola, eso le había dicho su hermana, así que se imaginaba que en cualquier momento saldría a colocar los regalos junto al árbol. Pero no, esa noche ninguno se movió de su sitio hasta irse a dormir, a la mañana siguiente vio que no había presentes para nadie.

- He sido un niño bueno, ¿por qué no he recibido nada? - le preguntó directamente a su madre - Miguel, sabes que no tenemos dinero y que se nos hace dificil mantener en pie esta casa y esta familia; si quieres un regalo imperecedero ya lo tienes con nosotros - le dió un cálido beso en la mejilla - Ésta es nuestra Navidad.

Miguel guardó silencio y mas tarde lloró en la soledad de su habitación: "¿Por qué?... ¿Por qué?", gemía entre llanto y lamento.
Desde aquél día dejo su infancia aparcada al pie vacío del árbol de plástico

viernes, 21 de diciembre de 2012

Germinación



En un rincón, escondido entre las hierbas, estaba el corazón verde del jardinero. Nadie lo regaba ni lo cuidaba, nadie se percató de su presencia hasta que, pasado el tiempo y llegado el momento, floreció por si mismo con tal belleza y desprendiendo una fragancia tan embriagadora que sorprendió a los más avezados botánicos del mundo.

Nunca se pusieron de acuerdo en darle un nombre adecuado, y es que cada uno lo quería para sí de tal modo que perdieron toda su ciencia; pues era éste su misterioso poder.

Al fin, muertos todos los que lo amaron y perdido de nuevo en la maleza, volvió a florecer por ellos... No necesitaba nada para vivir, pues era esencia de vida y tenía las raíces tan profundas como el mundo que le vio nacer un día, en aquel recogido lugar del jardín de la memoria.

lunes, 30 de julio de 2012

El tio Higui




Dicen que volvió herido, que no le habían atinado las balas que silbaron rozándole el mentón, ni le abrió ninguna brecha el fuego de los morteros. Pero llegó tocado con las ráfagas de metralla de todas las penurias que lo asaltaron desde la mirada, y se instalaron en su mente derribando su alma.

Se casó nada más llegar de la guerra. Con Lola, que lo había esperado desde que se fue, de siempre. Entretenida colocando bolsitas de aromáticas entre toallas de flecos y sábanas con puntillas a bolillo, dobladas pacientes en el arca. Lo esperó primero terminando de bordar una L primorosa enlazada con seda en el embozo. Luego, alguna vez ya se detuvo la hebra en mitad del camino, empezando a perder la puntada en el uniforme internacional de un brigadista al que no entendía. Pero que le dejó cosido un sentimiento.

Y él, como podó a su regreso los almendros, echó camellones nuevos en el bancal, o vació el cieno lleno de ojos del fondo en la alberca, fue también a que le echaran las bendiciones. Cumpliendo el cometido de otra tarea interrumpida y pospuesta más, de aquella boda fijada en la ermita blanca de la ribera. Con los santos y la patrona asomándose todavía al cielo por los boquetes del techo. Y el susurro de la corriente de acompañamiento.

Apenas quedaba un pollo en el corral, y pocos aliños para la ilusión, pero que se pusieron en pepitoria para el convite.

Instalados desde antes de llegar ya frente a la ceniza fría del rescoldo apagado en su casa, y con el silencio atormentado ocupando las sillas de bayón... Su mujer lo dejó pronto, un día de la única manera que pudo. Abortando su vida también con aquella esencia de la esperanza que venía.

Se reconfortó entonces en la soledad oscura del interior, y nadie tocó más la aldaba de la puerta.

Alguna vez desde la trasera que daba al huerto alcanzaba a ver los niños subidos en lo alto de la higuera, descolgándose como un bando gorriatos cuando lo veían asomar. Entre un griterío ¡el higui!, el tio higui!, llegándole desde lejos y perdiéndose por los chopos de la alameda.

Distinto, complejo, tan diferente, mucho para comprenderlo todavía aquellos ojos infantiles.

Nunca ocupó sitio en la piedra de granito alargado en la recacha a orilla del cal, ni tampoco se sentaba a la sombra con los de su quinta en aquel tronco del álamo tronchado, junto al fresco de las aneas.

Cubierto, en silencio y sombrío, cuando cruzaba por su lado, los mismos niños por escucharlo le decían ¡tio Higui!, ¡tio Higui!. Se volvía entonces como amenazante, advirtiéndolos con el amago del gesto de una persecución, sembrando el alboroto de carreras alocadas, entre el susto y la algarabía. Una escena provocada repitiéndose en mitad del decorado de la calle.

Bajaba protegido en el ala del sombrero de fieltro, y con su chaleco de tres botones. Buscando cuesta abajo sobre media tarde los baldosines vacíos de aquella hora, esos pardos con juntas negras que fraguaban la barra antigua del Portugués, resguardándose apoyado en un café negro. Ya también algo temblón.

Pero pasó un día que casi coincidieron sus pasos con el sonido aquel de los... barquilloos de canelaa!, apenas alejándose. Venían cromos para cambiar en las esquinas de la canasta de mimbre donde se apilaban los barquillos. Y andaban todavía demasiado entretenidos los niños con las novedades de los trueques para prestarle atención.

Aflojó entonces el tio Higui esa tarde su marcha, casi deteniéndola. Levantó la cabeza, y asomándole la voz desde el ala de su sombrero …¿Hoy no me decís tio Higui? casi los reprendió.

Que solo tanto tiempo más tarde entendieron con la ternura, aquella pregunta. Esa que alguno hasta después dejó de herencia en los pero que tormento!, en callados te necesito, para te quieros silenciados al pasar.

Algún pariente lejano, de esos sobrinos de primos hermanos, puede que un vecino próximo dispuesto a cumplimientos tardíos se sumara hasta la puerta. Irían acompañándolo por el camino de los cipreses con el tronco encalado de blanco.

Dejaría poco más que una navaja de afeitar depositada en la carmelita, echando solo algo de menos el tacto de su cara, la pelliza descansando en el gancho del portal. Su sombrero de fieltro negro colgado en el respaldo de una silla, extrañando el contorno de su cabeza. Objetos de memoria frágil.

Asomándose la higuera hasta la calle por la tapia del huerto, las ramas vivas que luego escalaron otros niños.

Y aquella pregunta anclada en el fondo del vocabulario, para las menudencias, lo esencial, en lo necesario ¿hoy no me decís tío higui?


Extremadura, Marzo 2.012.

martes, 29 de mayo de 2012

La abubilla burlona


 
Estás cerca. Lo sé.
Me provocas. " Upupa, upupa.... upupa, upupa."
Como cada año por estas fechas.
Presencia hermosa, escurridiza, temerosa.

Te oigo a lo lejos; reconocería tu voz entre mil.
Me tienes obnubilada. Te burlas de mí, de mi andar que yo creo silencioso, de las precauciones que tomo en cuanto sospecho tus visitas, cada año más escasas.

No me muevo. No respiro.
Parezco un gato al acecho con mis uñas rítmicas tanteando la cámara sin perderte de vista.
No ronroneo de placer anticipado pero casi.
Te veo llegar entre los árboles...
El ronroneo-latir de mi corazón se me antoja redoble de tambor.
Lo vas a oír.

Ya por fin te tengo cerca... de perfil... estos colores... este pico que hurga en busca de alimento, en la tierra, entre la hierba rala, pausadamente.
Sin saberlo, pasito elegante a pasito elegante, te aproximas a mi escondrijo.

Milímetro a milímetro, te enfoco.
No me muevo. No respiro.
Mi cuello está agarrotado, mis manos quietas; sólo la punta de mis dedos está viva, tensa, lista para el momento óptimo.

Y, de repente, levantas tu abanico enfadado, gritas airada, ojos negros furiosos.
         ... y vuelas lejos, pero sin prisa, cual mariposa provocativa.

Algo te puso sobre aviso. ¡¡¿¿El qué??!!
... ¿qué hice mal?... porque está claro que algo hago mal para te me escapes siempre...

Y otra vez la ilusión de retratarte se esfumó...

Año tras año, más frustación, seguida, año tras año, de más ilusión que, año trás año, se torna obsesión.

La ilusión de tenerte prisionera en mi cámara.
Como te tienen otras y otros "pajarólogos", fotógrafos con más pericia que yo
   ... y con la suerte de toparse con abubillas sordas.

Pero te tengo, libre y prisionera, en el fondo de mi retina de donde jamás podrás escapar.
Igual que de mi mente no se borrará esta buena lección o consuelo que me das, recordándome que las metas alcanzadas no siempre procuran tanto disfrute ni tan duradero como el de las ilusiones perseguidas.

  "upupa" para ti, Mercedes, mi "parajóloga" predilecta, tú que consiguiste tu cigüeña negra.

Gracias por tus fotos, regalos sin precio, de lujo.
Y en particular por ésta:
     la de mi anhelada y nunca alcanzada abubilla... "upupa, upupa"




29/05/2012
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martes, 15 de mayo de 2012

El MAESTRO

Hace ya muchos años, pero no tantos como en los cuentos clásicos, existió un grupo de hombres, que fueron y siguen siendo un motivo de orgullo, una imagen a la que imitar y sobre todo seres que sembraron, en los futuros hombres y mujeres, la semilla de la dignidad del ser humano

En aquellos años, pocas ciudades había, la mayoría de los españoles vivían en aldeas y pueblos, generalmente dedicados a la agricultura, la pesca o la minería. Había otros oficios, pero eran minoritarios

Todos los días con frío o calor, con lluvia o sol, recibía a las niñas y niños del 
pueblo, vestido con su característico traje gris ya raído y su corbata descolorida. Los saludaba con educación y los niños, solían llevarle pequeños regalos (un pescado, unas patatas, …. incluso alguna botella de vino casero)

En aquellos años, niños y niñas se sentaban juntos en la escuela y juntos se formaban para el futuro

El maestro, les enseñaba a leer y a escribir, las cuatro reglas, un poco de ortografía y algunas otras cosillas. Les leía lo que “grandes pensadores” habían escrito. Les contaba maravillosos cuentos mediante los cuales los niños aprendían la historia y de vez en cuando les exponía algún “principio moral” para que ellos lo pensaran y discutieran. Otras veces iban de “excursión” y descubrían aquello que siempre estuvo allí y nunca lo vieron

Ir a la escuela no era algo doloroso como lo fue años después. Lo doloroso era que a los pocos años, los críos abandonaban la escuela. Era preciso que ayudaran a sus padres en las tareas.

El Maestro, sí con mayúscula, era un personaje respetado y sobre todo querido. No era ni rico ni poderoso, más bien era económicamente tan desgraciado, como la mayoría de sus vecinos. Cuando moría, todo el pueblo le lloraba. Eran tan valiosos y había tan pocos que los niños debían esperar mucho tiempo antes de que llegara otro a ocupar su lugar

Pero un día alguien, decidió que había llegado su hora. Decidió que el hombre no debía ser libre y que las riquezas, deberían ser para unos pocos. Se desató una horrible guerra. “Hermanos contra hermanos”. “Derechas” contra “izquierdas” aunque pocos sabían el porqué de esta dicotomía, Incluso años después hay quien aún no lo sabe

No era una guerra clásica, en la que las gentes luchaban, mataban y morían por defender a los suyos o bien para adueñarse de las riquezas de otros países. En esta guerra, solo unos pocos, muy pocos, salieron beneficiados, la mayoría del pueblo acabó muerto, exilado o esclavizado

De entre todos sectores del pueblo, probablemente fueron los Maestros los que llevaron la peor parte. No enseñaban la “verdad” de los vencedores, enseñaban la “Verdad”, Mantenían firmes sus principios de respeto, justicia y libertad. Seguían defendiendo la igualdad de todos los hombres y mujeres

Pero ya, no todos eran iguales. Unos eran más iguales que otros. Los señoritos se habían adueñado de lo ajeno. Los que descendían de familias que en sus tiempos fueron dueños de tierras y hombres, se cobraron los “atrasos” con todos sus “intereses”. Además surgieron otras “castas”, la de los militares vencedores, la de extranjeros fascista que hicieron sus negocios, ...

Los maestros fueron poco a poco denunciados y poco a poco fusilados o encarcelados. Otros ocuparon su lugar. Adictos al nuevo régimen, ocuparon sus puestos. La gran beneficiaria de esta guerra, fue la Iglesia. Coparon la enseñanza y volvieron a separar a los niños y las niñas. El resto es la historia de una dictadura que a muchos nos tocó sufrir

En plena Dictadura Franquista, un Almirante, Carrero Blanco, ideó una serie de televisión con el objetivo de potenciar los “Principios del Movimiento” o lo que es lo mismo “los valores” del fascismo

La serie, Crónicas de un Pueblo” tuvo mucho éxito. Narraba la vida “cotidiana” de un pueblo de Castilla. Pero no logró su objetivo. La imagen que quedó en nosotros, fue básicamente la de un pueblo ideal, donde todos eran amigos y se ayudaban. Donde el maestro amaba a sus alumnos, donde todo era maravilloso. Precisamente lo contrario de lo que era la realidad de la época

Cuánto debe este País a aquellos “MAESTROS”, incluidos sus salarios


Jorge (caballoloco)

lunes, 14 de mayo de 2012

Si yo no fuera verde.... yadi dadi dadi didu didu didu didu dum. Si yo fuera de otro color.... bidi bidi bum

¿ Pero que pasaaa ? ¡¡¡, ¿ Donde estoyyy ? !!!, ¡¡¡ ¿ Qué es estooo ? !!!

¡¡¡ Ayyy San Antóniooo benditooo !!!, está claro que me he quedado dormida y esto es una pesadilla. Me daré un pellizco.... a ver si salgo de ella.

Ayyy mamáááa, que va a ser que nooo, que estoy bien despiertaaa

Por todos los huevos que puso mi madre, juro que no lo entiendo. Con lo agustito y fresquita que estaba yo....durmiendo bajo la sombra de unos tiernos canónigos ....

¡¡¡ Oooh, Oooh , ¿y esto ? !!!....Que pasillo más largo, frío y gris.¡¡¡ Andaaa, si se mueve y todo, parece una montaña rusa !!! Ooohh....Aaahhh.....Ayyyy ...qué de revolcones, que de bandazos de subir y bajar, por San Antonio, qué mareooo ....

¡¡¡ Coñeee !!! ¿ y ahora que ? me gusta mucho el agua, pero bastaaa yaaa, que me voy a ahogaaar !!!

Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, lo que me faltaba ,¡¡¡ vaya caída al vacío !!!, Uffffffffffffffffffffffff, me ha ido por los pelos descalabrar me.

¡¡¡ Ostras !!! que ruido más raro, ¿ qué será ese brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr ?

Jopetaaaasss ....¿ Pero que es estooo ?, ¿que quieren hacer conmigooo ?, socorrooooooooooooooo, que alguien me ayudeeeeeeeeeeeeee....me están centrifunadoooooooooooooooo

Ayyyy... que dolor madreee, casi se me saltan los ojos de las órbitas, más de los que los tengo ya, que mareooo, por favor más revolcones nooo.... ya no puedo más, se me están revolviendo los mosquitos que he almorzado.

Eso sí, fresca y limpita estoy, pero echa polvo que no veas, también.

Eeeh !!! , ¿ Y esooooo ? ....¿ que será ese flop, flop, flop ?....No quiero ni mirar....No. No y Nooo. No quiero saber lo que me espera ahora, Ayyyyyyyyyy mamaitaaa que miedo me da....

Uffffffffff, por fin. Parece que se ha quedado esto quieto de una vez.... No se si abrir los ojos, o no. Mmmm, ¿y si abro uno solo ?,...

¡¡¡ Anda mira !!!, si estoy en un lecho de frescos y límpios canónigos. Que raro es todo esto. Más vale que salga de aquí saltando, por.... si las moscas....

¡¡¡ Leñeeeeeeeeeeeeee !!!....

¿ Y ahoraaa ?....Ahora....¿ por donde me escapo yooo ????????????????

Auxiliooo, socorrooo....saquenmé que aquíííííi




( Foto cedida gentilmente, por : FERNANDO  ( laureado, forero de infojardin) GRACIAS

jueves, 10 de mayo de 2012

El Inmigrante




Hace muchos años que había desistido volver a su Patria, a sus orígenes.

Desde que recibió la triste noticia, del fallecimiento de su mujer y su pequeño hijito, en un desgraciado incendio que se ocasionó en los establos de su hogar, en la pequeña aldea donde habitaban, a Segismundo no le quedaba nada ni nadie por quien regresar.

Había partido lejos, muy lejos, cruzando el océano en busca de trabajo como tantos otros, y poder mejorar sus precarias existencias. Quería establecerse y reunir el dinero suficiente, para que su familia se reuniera con el .

Pasados unos pocos años, llenos de soledad, de vicisitudes y mucho trabajar, casi lo había conseguido, le faltaba muy poco para reunir el dinero suficiente y pagar los pasajes, cuando recibió la tremenda noticia.

Para que volver ? - se dijo entonces - si ya no me queda nada ?

Pero siguió enviando dinero a un amigo de la aldea, para que no dejara caer en ruinas, su humilde casa.

Ahora anciano, cansado, con el rostro curtido y lleno de profundas arrugas, sentía una amarga añoranza y había decidido volver.

Preparó su equipaje con lo más imprescindible y sin mirar atrás, se embarcó de vuelta a su Patria, a su hogar.

El viaje fue muy largo, o se lo pareció a el. No recordaba que lo fuera tanto, cuando se embarcó la primera vez. Pero por fin llegó el momento de pisar tierra firme, su tierra y con lágrimas en los ojos y lentamente....pisó primero con un pie...luego le siguió el otro.

Tardó otro día más en llegar a su aldea. En lugar de dirigirse a su casa, sin saber el como ni el por que, sus pasos le guiaron hasta el pequeño y viejo cementerio.

No había cambiado demasiado con el paso de los años. Sí había tumbas más modernas, pero recordaba perfecta mente, donde se hallaba la de sus padres y en la cual yacían también, su esposa y su hijo.

Hacia allí se encaminó. Deposito su vieja maleta con cuidado en el suelo y se arrodilló.

Queridos, amados mios, ya estoy aquí - dijo -

Al día siguiente en su recorrido cotidiano, acurrucado junto a la tumba, inerte, sin vida, el enterrador le encontró. Nunca este olvidará, la expresión de felicidad y paz que denotaba el viejo rostro curtido y lleno de profundas arrugas, de aquel quien por entonces para el, era tan solo un completo desconocido, simplemente.... un forastero.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Para mi amiga la rana

Erase una vez , en un ciénaga inglesa, entre viejos olmos, olor a musgo y lluvia fina, que vivia una rana. Era una rana verde, aunque no lo parecía a primera vista. Mientras otras ranas se bañaban entre aguas límpidas de las charcas más claras, nadando ágilmente y haciendo piruetas bajo el agua, nuestra aMiga , estaba posada sobre el cieno que le ensuciaba su lindo cuerpecito. Desde que perdió su infantil cola de renacuajo, se sintió insegura, así que sus grandes i vívidos ojos contemplaban el mundo sin mirarse a si misma.

De hecho era lista y brillante en todo, nadie cazaba insectos mejor que ella, nadie saltaba más rápida ni más alto, y de no ser que parecia una cerda embadurnada de barro, podríamos ver que también era muy bella. Tan brillante era, que no se podía permitir decepcionar a los que le alababan por sus logros diciendoles la verdad: no sabía nadar en aguas claras, se aHogaba. Así que, para no ahogarse, eligió vivir en el barro, y quiso creer que eso incluso era bueno para su belleza, de todos es sabido que los baños de barro mantienen la piel tersa. Algunas ranas de la gran charca veían que algo no andaba bién con ella, pero no acertaban con la causa, algunas otras sabían lo que ocurría , pero no querian ver defectos en su aMiga y la trataban como si todo fuera bién, más asustados y desorientados que ella misma. Algunas ranas incluso se daban algún chapuzón en el barro para que nuestra aMiga se sintiera mejor, compartían su situación por un momento, pero se avergonzaban de verla tan sucia y la forzaban a bañarse en agua limpia , se enfadaban ( por su bién, claro), se desesperaban pensando que la rana era solo una guarra que no se quería lavar, sin saber que no sabía nadar todavía. Cuanto más querían protegerla se su suciedad, más sucia se sentía ella, más se hundía en el barro.

Todo parecía funcionar, nuestra aMiga no se ahogaba...pero seguía sin saber nadar y sin poder gozar del placer de ser una rana libre, que goza con plenitud de la naturaleza, ahora barro, luego agua, a veces hierba...se consolaba escuchando historias de otras ranas que también vivían en el barro, aunque para ser sinceros le daban lástima.

Un viejo y gordo sapo que vivía en una madriguera cercana a la ciénaga contemplaba la escena con curiosidad. A lo largo de sus años, había visto muchas situaciones parecidas i comprendía el problema mejor que ningún otro. Se acordó del señor búho, que siendo polluelo pasó por algo similar. Mientras sus hermanos aprendieron a volar él tuvo miedo de caer del nido y decepcionar a sus padres, así que esperó un poco más para crecer, y un poco más, y un poquito más. La madre pensando que le faltaban fuerzas para volar le alimentaba más y más, para ella que estuviera bién alimentado era lo más importante. Claro que eso lo hizo engordar, y al ser tan pesado ahora sí que ya no podía volar ni que quisiera. Como no volaba la madre lo alimentaba más y más y la cosa empeoraba por momentos. El padre, que tanto amaba a su hijo, no sabía como ayudarle, así que para no sentirse mal, se dedicó a ver en su hijo sólo lo que le hacía sentir bién: mi hijo tiene el mejor plumaje de todo el bosque, el pico más brillante y los ojos más agudos, ¿no es maravilloso? y cuanto menos queria ver sus defectos más alababa a su hijo y menos le ayudaba a crecer, con lo que se sentía peor pero, lo alababa más y más y volaba más lejos para contarle a todo el mundo las maravillas de su hijo...y todo empeoraba. Suerte tuvo nuestro aMigo, de que su madre conociera a una lechuza, astuta como la mangosta que le dió la solución.

Le dijo,  tu hijo no puede volar porque está mal alimentado, ¿ no lo ves?-dijo la lechuza. Por supuesto dijo la madre, siempre se lo he dicho!- respondió la mama búho. Bién, pero tu hijo necesita un alimento muy especial, no cualquier cosa, un alimento para volar...y para eso lo mejor siempre ha sido la carne de lemming. El lemming es un roedor parecido a un ratón rechonchete que vive en el ártico y su carne tiene poderes increíbles. Debes volar hasta el ártico, cazar un lemming, traerlo y dárselo de comer a tu hijo y podrá volar como sus hermanos-sentenció la lechuza.

La madre aunque dudó mucho,dada la gravedad de la situción decidió emprender el viaje y le contó el motivo de su viaje a su hijo y le puso una eXcusa al señor búho para que le acompañara en el viaje. Dejó a la lechuza al cuidado de su hijito y partió.

Al buhito, la señora lechuza no le hacía mucha gracia, pero se resignó. Pasaron semanas, ya que el ártico está muy lejos desde Inglaterra, y la lechuza apenas se ocupaba del buhito, raramente le traía algún ratón, cada vez con menos frecuencia. Nuestro aMigo, estaba muy enfadado, con la lechuza, con sus padres, consigo mismo, su único desaHogo era gritar y batir las alas con furia para no sentir el hambre en su panza. Estaba visiblemente más delgado, y de tanto batir las alas ganó fuerza y maestria hasta que un día, maldiciendo a la perversa lechuza se fué volando a cazar un ratón para sobrevivir.  Cuando volvió al hueco del árbol con su presa, se dió cuenta de lo que había sucedido en realidad, y voló y voló al encuentro de la lechuza, pero esta yo no estaba, su trabajo había terminado.

Y volviendo a nuestra charca, ¿ puedes imaginar lo que hizo el viejo sapo con nuestra aMiga la ranita, no?


miércoles, 2 de mayo de 2012

Un día especial




Cuando amaneció, me di cuenta que aquel día iba a ser diferente. No iba ser un día como lo fue el anterior ni como lo sería el siguiente. Era jueves, justo el día central de la semana, el cielo, lo decoraban pequeñas nubes

Es lo primero que me llamó la atención. No eran nubes de contornos mas o menos difusos, ni de textura deshilachada. Eran todas iguales. Sus contornos perfectamente definidos y con un extraño y uniforme color rosado

Como cada mañana, encendí el aparato de radio, sonaba una suave melodía. No se lo que impulsó a ello pero la apagué y la volví a encender. En ese momento una dulce voz daba los buenos días. “Buenos días ciudadanos, buenos días Laura”

Sí, acababa de saludarme, acababa de decir mi nombre. Aturdida, volví a apagar y encender el aparato y seguía sonando la suave melodía. Tras unos segundos, repetí la operación y la voz que me había saludado, continuaba dando las noticias.

Todas ellas eran amables, …. “ayer fue ingresado José Luis en la clínica del Pilar. El hijo de Manuel y Catalina, de cinco años de edad, se había roto un brazo, como consecuencia de una caída mientras bajaba corriendo las escaleras”. Abrí el cajón y cogí un tenedor. Me pinché repetidamente la mano y no, no estaba soñando. Manuel y Catalina eran mis vecinos y efectivamente su niño, se había roto el brazo.

Decidí apagar la radio

Me preparé ligeramente y bajé al kiosko de la esquina a comprar el periódico.

“Buenos días Laura, ¿Como así tan temprano?” Me saludó “Paco”, el kioskero,

“No lo sé, hoy me he levantado un poco antes de lo habitual y me apetecía leer las noticias” le contesté

“Pues hoy parece que va a ser un día tranquilo. Por cierto Laura, que tal el niño de Catalina?

“No lo sé, lo escuché en la radio”

Durante unos segundos, me quedé callada y aturdida por la expresión de Paco. “Tal vez caigan algunos copos de nieve, ya veremos”, No era precisamente la nuestra una región en la que nevara, Nunca leí o escuche que lo hubiera hecho, pero sería realmente bonito, que al menos una vez lo hiciera

Volví a casa, sintiendo su mirada clavada en mi espalda. Nunca había sentido esa sensación. Giré la cabeza y efectivamente. Paco, con una sonrisa en su boca, me acompañaba con su mirada. Le saludé justo antes de doblar la esquina

Preparé el desayuno y empecé a leer el diario

“El Gobierno revoca varias leyes relativas a los derechos ciudadanos. Se ha llegado a un acuerdo con las patronales y los bancos. Se trabajará menos horas para que todos tengan trabajo y se mantendrán los salarios …..”
“En París se reúnen los mandatarios de los países africanos junto con dirigentes europeos para solucionar el problema del hambre en ese continente. Las conversaciones están ya muy avanzadas. Ya es seguro que el año que viene recuperarán las cosechas y parte de su riqueza en petróleo y minería. Este año, Europa se encargará del suministro de alimentos … “

“Un grupo internacional de jueces, revisará los expedientes de Guantánamo. ….”

No creía lo que estaba leyendo. Pasé a las noticias locales y estas seguían en la misma línea. Por fin tendríamos la incineradora, para eliminar los restos de la basura tras recuperar metales, vidrio, .. La planta, en el proceso, producirá la energía suficiente para el hospital y las escuelas …..”

Temblorosa, volví a la primera página y si, se trataba del diario, no era un periódico fantasma. Era mi primer día en mi casa después de una estancia en el hospital al que me llevaron tras un desvanecimiento.

No daba crédito a lo que estaba ocurriendo a mi alrededor.

Encendí el ordenador e instintivamente fijé la vista en la parte superior. Me costó reaccionar decía “Jue 31 de febr, 10:15”

martes, 1 de mayo de 2012

Edelweiss


La Fe, la Voluntad, o la Suerte

El que no sepa rezar,
que vaya por esos mares;
ya veréis qué pronto aprende
sin enseñárselo nadie......

Voy a relatar algo que me sucedió hace ya mucho tiempo; algo extraño e inverosímil; algo sobre lo que he meditado largamente, para lo que hasta la fecha, no he hallado una explicación plausible.

Sucedió en un día de verano, a mediados de la década de los años sesenta, hallándome en Jaca durante el servicio militar, de obligado cumplimiento por aquel entonces. Los jóvenes de mi época, impregnados de un fuerte romanticismo, la mayoría de ellos muy lejos de sus hogares, conscientes de la pérdida de un período de nuestra juventud, de nuestras vidas, vivaqueábamos en los cuarteles, viendo el monótono transcurrir del tiempo, soñando con la ansiada vuelta al hogar, para reencontrar y abrazar a la familia y a los amigos.

Transcurriendo así el paso de los días, en cierta ocasión los jefes militares decidieron sacudirnos la pertinaz modorra cuartelera en la que nos hallábamos sumidos, determinando que se debería llevar a cabo unas maniobras por la Cordillera Pirenaica; puesto que no querían mantener ocioso e inactivo al que pomposamente llamaban Batallón de Cazadores de Alta Montaña.
Así que en una fresca mañana, nos ordenaron agarrar el fusil ametrallador Cetme, nos dieron provisiones para unos días, y nos llevaron en camiones a pegar tiros por allá en las cumbres.

La orden que, a decir verdad ya se barruntaba desde hacía unas semanas, fue recibida con general excitación por parte de la animosa muchachada; puesto que un acontecimiento así, tan señalado, brindaba a muchos de aquellos románticos chavalillos, la ocasión de ir en busca de la Flor de las Nieves: la mítica Edelweiss.

La flor siempre viva e inmarchitable de la alta montaña se había convertido en nuestro sueño; mucho habíamos oído hablar de la misteriosa flor, acerca de la cual se habían fraguado extrañas leyendas que, en momentos de ocio, eran narradas por los más veteranos.
Esta flor, los unos la querían para llevársela a sus madres; otros, la mayoría, en mi caso, para enviársela a la novita, a la muchachita que quedó sola allá en Cataluña, esperando ansiosa el regreso del soldado. Todos soñábamos y anhelábamos en nuestro corazón, que ella nos esperaría con la flor imperecedera, que meses antes habría recibido de nosotros, dentro de un sobre, junto con una carta.....
Llegado el momento, ella que la habría guardado celosamente entre las páginas de un libro, nos la mostraría tan fresca y lozana, como el mismo día en que fue recortada de entre las rocas.

....te prometí pensar en ti,
Pensar en ti, en ti, mi bien,
en ti, Lili Marlen......

Canturreábamos en nuestras correrías por aquellos inhóspitos parajes....Dos días llevábamos por allí, cuando en la mañana del tercer día de maniobras, aprovechando unas horas de descanso, se me ocurrió que bien podría ascender a la montaña que allí se alzaba, justo al lado del campamento. Tenía la corazonada de que allá arriba, oculta entre las rocas, estaría esperándome la preciada flor. Veía la nieve brillar en las alturas; la vista y el corazón se me iban hacia la cumbre.
Decidídamente, pensé, que habría que ir a por ella. Tracé un plan para una escapada y se lo propuse a mis compañeros, pero no hallé a ninguno de ellos que quisiera secundar mi plan.

No lo pensé por mucho tiempo; ya había tomado la firme decisión de encaminarme hacia la cumbre y me fui acercando a los primeros terraplenes. Mis compañeros, sabedores de mi intención, trataron inútilmente de disuadirme, advirtiéndome de los peligros a los que me iba a exponer; sobre todo, si me aventuraba a marchar en solitario. Pero no me hicieron desistir de mi empeño, por más que insistieron; de modo que inicié la marcha y al rato ya estaba subiendo con paso brioso por las escarpadas rampas.

A la media hora de camino ya me sentía agotado, acusando la fatiga, debido a la altura. Bajo un sol implacable, devorado por la sed, me veía obligado a beber a cada momento del agua de los innumerables manantiales que, por suerte para mi, brotaban por doquier; era un agua purísima y cristalina, cuyo frescor inicial se perdía rápidamente al calentarse en la cantimplora, bajo el sol implacable de la alta montaña.
Estando ya cercano a la cima, me detuve exhausto, rendido, jadeante y sudoroso.
Absorto en el espectáculo grandioso de las cumbres, miraba a mi alrededor con la vista arrebatada. El agua que discurría a mis pies....el verde lujuriante....los insectos chirriando en la grama....el cielo de un azul purísimo....la luz cegadora....

Ví a la garduña deambulando entre las peñas. Con la cola, airosa, semejante a un pendón, proclamaba con refinada cautela su dominio sobre aquellas soledades.

Una perdiz nival cruzó temerosa ante mí, seguida de su prole. Asustada por mi presencia, el ave lanzó un graznido de alarma y, volando raso, fue a ocultarse monte arriba, en un lugar pedregoso. Corrí hacia ella con afán de capturarla, o bien de arrebatarle alguno de sus hijuelos. Dí un traspiés y caí rodando montaña abajo. La caída, que fue larga dolorosa e interminable, terminó cuando al fin pude asirme a un saliente en las rocas. Magullado y dolorido, sentía el cuerpo lacerado. Suspiraba aliviado congratulándome de mi buena suerte, cuando me di cuenta horrorizado, de que me hallaba suspendido ante el vacío, con un abismo espantoso a mis pies.

Sin poder moverme, con la punta de los pies, apenas llegaba a alcanzar dos puntos firmes donde apoyarme. Sentía erizarse el vello en mi piel. Pasé así largo rato aterrado, sin atreverme a mover un solo músculo.
Miraba angustiado hacia abajo y con el rabillo del ojo, veía allá al fondo del abismo, la lejanía del campamento, las tiendas de campaña.... Y estando así, en ese estado de incapacidad, aún procuraba serenarme; en un momento dado, llegó a mis oídos débilmente, un redoble de tambor y un toque de corneta. Calculé que habría llegado el momento de pasar lista allá abajo y entonces constatarían mi ausencia; me desesperaba porque no me iban a encontrar hasta horas más tarde, cuando encontrasen mi cadáver; porque sabía que en cuanto me abandonasen las fuerzas, me iba a despeñar irremisiblemente.
Pasaron por mi mente muchas vivencias.....Pensé en mis compañeros, que ajenos a la situación en que me encontraba, no podían prestarme ayuda: me acordaba de ellos y de los amigos a los que más quería. Aquel mozancón de Igualada, que cargó conmigo cierto día de marcha, cuando consumido por la fiebre, me sentía desfallecer. Aquel otro, vasco insigne, con el que compartíamos alegres veladas, mientras el vinillo corría de vaso en vaso, y él hacia sonar el chistu con maestría....Momentos inolvidables que ya no se volverían a repetir.....Y pasaba el tiempo bajo un sol implacable....no podía moverme...ya me sentía desfallecer, rígido e inmóvil...con un pánico cerval....
Y fue justo en aquel momento, cuando yo, que me confieso agnóstico, comencé a rezar; me encomendé a Dios.

Yo no sé qué mecanismo de mi mente se pondría en marcha. Solo sé que algo me impulsó, lo recuerdo perfectamente, a desplazarme lentamente en sentido lateral hacia mi derecha. No sé lo que duró aquel desplazamiento. Mi mente estaba en otra onda; en otras palabras: rezaba.
Y puedo decir, doy fe de ello, que ignoro de que manera, me ví fuera de aquel abismo espantoso.

Bajé confuso de la montaña; iba en un estado lamentable, y llegué al campamento cuando caía la tarde. Salieron todos mis compañeros a mi encuentro, todos ansiosamente me preguntaban si había conseguido encontrar la Flor de las Nieves.... si la llevaba conmigo....Una y otra vez me preguntaban y me preguntaban; pero yo no les respondía. No podía responderles; me encontraba como ausente, absorto en mis pensamientos sobre lo que me había sucedido.......

Después de tantos años, aún sigo en la duda de si me salvé por mis propios medios, o por tener fe y confiar en algo sobrenatural, o por casualidad o por suerte.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Ahora, meditabundo, viendo pasar los días y las noches de este helado invierno, en mi casa de Pallejá, pienso con frecuencia en lo que aconteció aquel día de aquella década lejana, cuando fui en busca de la sempiterna Flor de las Nieves.
Que, desde luego, fue algo que marcó un hito en mi vida y me dejó sumido en un mar de dudas, en lo concerniente a la fe.

Una vieja canción irrumpe en mi mente recordando....

Edelweiss, Edelweiss, linda flor....
Feliz de conocerte
Pequeño botón de nieve
En mi tierra bendita
vivirás para siempre.

lunes, 23 de abril de 2012

Las costeras



Miran desde el alto cómo suben hasta la loma en las atardecías voces antiguas de mayorales por el camino, seguidas entre la polvareda por
silbidos de pastores y el ladrío de los perros...
Que siguen guiando de recogida la majada, hasta el aguardo de la noche en redil.

Quedan mantenidos, rebosando hasta los topes olores de aliños en las orzas, adobos en artesas, a chacinas curándose en las varas. Salteados entre aromas de condimentos colgando en ristras y manojos, atemperados con el de cantaras en la alacena.


Respiran el aliento que se expande desde las chimeneas encendidas, con el tufo a tizón de jaras y leña de encina caldeando su vieja argamasa. Impregnada del humo que en bucles escapa hasta el zaguán, buscando enredarse con las ondas de la cenefa.


Retiemblan con sobresalto en las noches largas de invierno, cuando atizan la lumbre pantarujas y tios loberos, agrandando su reflejo en la penumbra de la candela.

También sienten el solivianto en el sueño con los mastines, barruntando de escuchas al lobo que acecha todavía. Atajando a paso vivo por berrocales y baldíos.

Y desde dentro se asoman las aldabillas, abriéndose hacia el mismo paisaje... Desde lo que se fue, de aquella forma de vida que quedó difuminada para siempre, en el horizonte del corto espacio de una generación.


Que permanece recogida en los cimientos sólidos, en sus tabiques y rincones. En los muros indelebles de Las Costeras, que la guardan en su memoria.

Reside fija la veleta en el techo, girando al son de los vientos. Y mudándose con el sol, la sombra de la palmera que perenne permanece en la fachada.


Con el relevo de las cigüeñas, como guardas ya en las anochecías.

jueves, 12 de abril de 2012

Mi dulce sirena



Pasos perdidos en esa playa desierta
pasos que llevan pero carecen de meta
Dejan huellas, que el agua se lleva
pero con ellas no se van las penas
El brillante sol el alma calienta
los hermosos momentos, volver desean
Una blanca gaviota sobre las olas planea
mientras al verla, el alma se serena
Te sueño amor, mi dulce sirena
acostada sobre la tibia arena
A cada paso, me siento más cerca
pero el agua, esos pasos se lleva

Frente al mar


Frente al mar en una roca sentado,
rocalla alisada por la constancia,
y el batir de olas en consonancia
que se rompen caprichosas jugando…
Infinito azul espejo del cielo,
una nube blanca en el horizonte,
gaviotas revolotean por el monte
cantando y cortejando sin sosiego…
Paz interior, calma en mi corazón
al contemplar paisaje tan hermoso,
y La brisa, suave sabor dulzón…
En la lejanía un velero brioso
surca y deja estela su cascarón,
mis ojos disfrutando, soy dichoso…

Ángel©2012

sábado, 31 de marzo de 2012

Todo quedó en un susto


Todo quedó en un susto sin más para la abeja y los 44 pasajeros del CRJ-200 de Air Nostrum cuando, durante un tiempo que pareció interminable, se le pararon las dos alas cuando volaba a 8.000 pies y procedía a la aproximación al radio-faro que marca la senda de aterrizaje del jardin de Vega. La abeja, que procedía del aeródromo madrileño de Barajas, solicitó a las 18.40 horas del martes un aterrizaje de emergencia a la torre de control de Vega. «¡Mayday mayday mayday, tengo un fallo en las dos alas!». Y solicitó prioridad absoluta para la aproximación al manzano y posterior aterrizaje, por delante de una mosca de una escuela de vuelo que le precedía en la aproximación al pasillo de entrada. De inmediato, en el jardín se activó el operativo de emergencia. Los bomberos acudieron a pie de flor. Se avisó al 112. Pero no hizo falta la actuación de los servicios de emergencia ya que el insecto resolvió su problema, las dos alas volvieron a funcionar y pudo aterrizar en las flores sin ningún problema. Pidió que se guardasen las cintas ya que se investigaría lo ocurrido. 

La abeja se encontraba ayer descansando en un aparcamiento de la plataforma norte a la espera de la llegada de los técnicos de Air Nostrum para investigar lo ocurrido.

jueves, 29 de marzo de 2012

No perdamos la esperanza

Cuando la ignorancia, deja de ser atrevida
para convertirse a auténtica chabacanería
Cuando esta,en brújula se convierte
y guía las mentes de muchas gentes
Hay algo en el País que no funciona

Cuando solo insultos se escuchan día tras día
en la gente se desata una insana alegría
que parece forzar a los actores
a aceptar unas cuantas humillaciones
Algo en el País que no funciona

Vergonzoso resulta que a una pobre paleta
se le otorgue el título de princesa
Y mas aún que esta, más votos obtuviera
que muchos partidos de verdadera solera
Este País que no funciona

Asusta escuchar lo que se entiende por libertad
ese poder machacar a todos los demás
por supuesto sin permitir
que a mí, me puedan contradecir
País que no funciona

Colaboradores se llaman
y tienen la poca vergüenza de decir que trabajan
Comiendo como cerdos y hablando con la boca llena
mientras el público con envidia les contempla
No funciona

Tal vez un día Berlusconi, de este programa se cansa
tal vez lo elimine y sus actores se queden en su casa
Tal vez la audiencia ese día entienda y espabile
y se dé cuenta que de ellos telecinco se ríe
entonces tal vez, este País funcione


Jorge ( caballoloco)

domingo, 25 de marzo de 2012

A la puerta


Debió nacer como crecen todas las cosas pequeñas, y las mayores, hasta las cosas extraordinarias. A golpe de instantes lentos, en una larga y pausada sucesión de fracciones casi imperceptibles. Como llega también el momento preciso para saber que están.

Y fue en uno de esos días intermedios de primavera. Bajaría como cada mañana con el mismo paso precipitado, en algo de desaliento primaveral reservado a ratos para esa estación. Ya la altura del tercer escalón haría también el leve giro de rutina, esquivando en la cara el roce de una rama desbordada de la grevillea. A veces los cuento, seis, siempre son los mismos, luego el rellano y otros nueve, los escalones. En el antepenúltimo, la pizarra caprichosa que dibuja las aguas esbozadas de un corazón. Traspasé la cancela y ya en la calle, mientras buscaba con el mismo descuido de todas las estaciones las llaves en un bolso sin fondo, la vi.

Solo era una matica, pero me llamaron la atención primero sus hojas, tan delicadas, distintas a las de otros jaramagos callejeros vecinos. Le miré el tallo, esbelto y estilizado, todavía sorprendida me incliné a mirar como sus raíces se asentaban en la pequeña oquedad, entre el bordillo neutro de la acera y el asfalto negruzco de la calle. Pero que festiva sorpresa aquella mañana de primavera boba.

Justo a la puerta de mi casa había nacido una amapola!.

Y según pasaban los días se iba agarrando a la vida, ajena al tráfico, a los balones infantiles, las vecinas curiosas. Empecinada y tenaz ella iba creciendo, aguerrida le pusieron, cuando ya no me quedó más que presumir con orgullo de mi amapola. La miraba constante y atenta, era el primer pensamiento anterior al sueño, por las tardes me sentaba al lado de la ventana a mirarla. Coloqué piedras blancas alrededor de su tallo para que no la atropellaran, la protegía de tantas formas... Lo primero al levantarme era salir alborotada a mirar si todavía estaba. Al pasar la rozaba, que un instante nada más, enseguida volvía.

No sé cuantos días, ni si durante ese tiempo fue el eje elemental de mi vida, quizás. No me fijé en que luna abrió, pero de madrugada, como nacen seguro todas las amapolas. La acompañé mientras iba desplegando lentamente el primer capullo, miré también como sus pétalos se tersaban según amanecía. Llegó muy pronto a la belleza madura, crece tan rápido una flor de amapola. Que hermosa, o serían los ojos con que la miraba haciéndola única y especial. Depositaria de la primavera entera

Luego salí, apenas el pequeño instante para el recado de un sábado. La miraría al pasar, tocaría de nuevo con la yema de los dedos uno de sus pétalos. No me entretuve nada, pero cuando volví se la habían llevado, ya no estaba. Quedó solo la pequeña grieta, oscura y vacía donde se habían cobijado sus raíces.

Se lo había dicho, ¿o solo lo pensaría?, pero me enfadé tanto con ella. Que no era sitio aquel, a la puerta de mi casa para nacer una tierna y frágil amapola. Es que no sabía que las delicadas púas de su tallo no la protegerían en mitad de la calle.

Cuando el levante trae ya olor a temporal, y arrastra hasta el porche hojas desde la avenida, todavía sigo disgustada con ella. Pero que tonta aquella amapola!

Verano 2.011

Aquella reina...


Cada mañana la visitaba...sí ,entraba en su reino...ella me esperaba con una sonrisa cascabelera ...muy bella,piel satinada muy blanca,labios sensuales y carnosos pintados carmesí,cuerpo sinuoso,olía a perfume francés...y tenía sombreros de plumas,piedras,tules y aquellos zapatos llamativos de tacón...yo cada día elegía el sombrero,si ayer de tules hoy de plumas y me montaba en unos de sus tantos zapatos...ella me maquillaba...
Claro el tiempo pasa y años más tarde supe que la reina trabajaba de noche...que buscaba su sustento en caricias prestadas sin mezclar afectos a la hora de entregarse...
Alguien dijo:"mujeres que venden fantasía"... a mí me la regaló cada mañana.
Descubrí donde vivía su vejez y fuí...estaba muy feliz...un largo abrazo...parecía querer rescatar aquèllas mañanas...su cuerpo y su cara deteriorados de tanto prestar amor...
Estaba bebiendo,el alcohol se había apoderado de ella,tal vez para olvidar aquéllas sábanas gastadas...aquél amor perdido...o nunca encontrado...
Noté una lágrima cayéndole y me dí cuenta que hacía rato que estaba llorando,mirada lánguida parecía pedir que la rescatase de ese fondo en que estaba inmersa...
En mi última visita dejé unas rosas rojas,símbolo del amor dicen,sobre su lápida...no estaba sóla no...unos angelitos cortesanos sobrevolaban y a la derecha unos soldados uniformados custodiaban su último palacio.

Lo siento... me he dormido...


Cuando Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, pensó que su labor había terminado. Toda la naturaleza estaba en perfecto equilibrio, todo tenia su razón de ser, el sol, la luna, las estrellas, los mares los bosques, los animales, todo, absolutamente todo tenia su razón de ser, y por ser el hombre su mas perfecta obra (pues era una copia de si mismo) como un padre entrega aun hijo su legado. Dios entrego al hombre su armónica obra.
Sucedió después que el hombre olvido que solo era una copia de Dios, quiso ser igual que El, el hombre se autoelevó a la categoría de Dios. Reino sobre cielo mar y tierra, construía a su antojo, destruía a su antojo, daba y quitaba la vida a su libre albedrío. Pero aun así el hombre aun no era feliz. Hizo grandes obras de ingeniería, en su ignorancia pensaba que Dios se había equivocado, desvío el curso de los ríos movió montañas, talo arboles, acabo con muchas de las llamadas "especies inferiores" polucionó el aire en su delirante progreso. Construyo maquinas para suplir sus incapacidades, unas para recorrer grandes distancias, otras para volar, otras para oradar las entrañas de la tierra, y otras capaces de flotar en el agua.
Sin apenas darse cuenta, el hombre rompió el perfecto equilibrio, cielos mares y tierra se quejaron. La tierra clamo venganza, ella también era hija de Dios.
Desbordo ríos, seco vergeles, lanzo hiel de sus entrañas en forma de lava, el hombre la poseia, pero no la dominaba. De vez en cuando..incluso ella sentía lastima del hombre y se calmaba durante años...siglos, la tierra perdonaba y volvía a ser condescendiente con el hombre. El El mientras tanto seguía inventando,invento el hambre, el miedo, la guerra, su justicia y la injusticia.
Invento el asesinato y asesino la tierra el cielo el mar y las estrellas creyéndose inmortal...se asesino a si mismo.
El ultimo hombre vio otro sol en el cielo que no era el sol de siempre, dañaba los ojos, quemaba la piel y anulaba sus sentidos. Solo sintió dolor unas décimas de segundo, luego vio sus carnes abiertas, sus manos y pies convertidos en muñones descarnados, y de pronto...una total oscuridad. Supo al instante que eso era la muerte y de pronto se acordó de Dios, si, incluso le vio, el, el ultimo hombre sobre la tierra estaba ante Dios. Como representante de todos los hombres le exigío explicaciones. ¡¿Porque has consentido esto ?! exclamo el ultimo de los hombres. Y Dios le contesto ¡Lo siento....! Me he dormido....
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lunes, 19 de marzo de 2012

Mi alma (interrogada)

He cruzado la línea, sentido el vértigo vital.
Se me abrieron los ojos en extraña infancia:
no quise ver coches, ni hierros ni fábricas,
solo hormigueros con hormigas blancas,
lirones caretos de cola afelpada y pájaros bobos y listos, con alma.

Ví también paisajes, montañas con flores,
lagunas saladas y dulces, con peces y ranas,
leprosos galápagos, sin lepra, con calma,
vegetales quietos y algunos que echaban
errantes raíces al suelo buscándose el alma.

He visto las nubes descargar su carga
en ramblas fangosas de orillas marrones,
en escorrentías de miles de gotas verdiazuladas.
He sentido el vértigo, ya no siento nada,
mis ojos no aciertan a encontrarme el alma.

¿Dónde están los ríos, las nubes, las alas?
Que ciego que estuve en mi infancia extraña.
No encuentro los peces, las flores, las ranas,
sólo muchos hierros y coches y fábricas.
¿se me habrá perdido de mi infancia el alma?

Silencios verdes


Silencios verdes,
mármoles desnudos,
surcados, pulidos, viejos y enjutos
Hojas ya pisadas alfombran la escalera,
el patio está en silencio,
y en los pinos las estrellas
que como luna se espejan
en las aguas vacías
de los estanques sin yerba
Cada flor tiene su historia.
Cada piedra su leyenda,
solo le falta al recinto
tener a los que lo hicieron
a los que solo dejaron,
como legado...lo hecho
Cada mayo
nace una vida sembrada,
y las rosas al nacer
buscan la caricia humana
del caballero que en ellas
vierte secretos de damas.

Burbujas

Sus burbujitas algo más disipadas siempre que las americanas. Pero como van unidas a casi todas mis etapas avícolas… Cuando era patita todavía, medíamos con exactitud milimétrica las gotas del litro de Casera, que debían ser las mismas en los vasos puestos en carrafilera sobre la mesa…Y eso rogando que no cayera por allí algún primo a la hora de abrirla y entrara también en la repartición.

Luego de polluela, en la mesa del quiosco del parque todavía se seguía repartiendo. Nunca se llegaban a llenar los vasos, éramos tantos en aquella pandilla. La tapa, de altramuces invariablemente, resultaba también siempre escasa. Los llamábamos con otra palabra, pero es que resultaría bastante ordinaria escrita ahora por aquí. 

Y ya de ejemplar adulto...Casera de limón con vino tinto, hielo, y una rodaja de limón me encanta. Todavía hay un sitio donde la ponen. Desde detrás de la barra “el diabolo”, ya para jubilarse, tararea aquello de Extremoduro, hace un guiño y dice que la compra solo para cuando voy. Aunque sé que me engaña. Las tapas siguen siendo una institución.

Ya no viene con aquel cierre de palanca, no trae el bonito tapón de porcelana, ni la gomita de estanqueidad. Tampoco se devuelven los envases, y no regalan muñecas juntando las caperuzas de papel que venían protegiendo el tapón. Algunos viajes dábamos para ver si habían llegado ya los dichosos regalos, que tardaban los días que son una eternidad para los niños…Pero entre que íbamos y veníamos, en el camino nos entreteníamos 

En la mesa de la salita encuentro ahora latas abandonadas más de medias, enfrente de la play. Cuanto les reniego!. Pero como sé que luego tendrán también sus recuerdos felices, y que cuanto me gustará conocerlos. Me asalta alguna vez como una añoranza futura cuando veo una cara de viejita.

Como antes

Ya no te siento cercana como antes,
recuerdos de aquellos primeros días
donde el tiempo era nuestra alegría,
más que amigos parecíamos amantes.

Ya no te noto ni encuentro como antes,
vivíamos en un mundo de ensueño,
pusimos para amarnos mucho empeño,
escribiéndonos felices y radiantes.

Ya no te veo ni recuerdo como antes,
tus imágenes ya nunca me llegan
hoy no puedo rozar ni acariciarte…

Sueño en rosa tu cuerpo de seda
y cierro los ojos, quiero besarte,
abrazarte y sentirte así tan bella…

Examen de conciencia


Lo digo cada año y lo repito otra vez: me parece injusto que haya un Día de la Mujer y que no exista un Día del Hombre.


Me dicen que nosotras tenemos ese día ,"Día de la Mujer" porque es necesario para contrarrestar los otros 364 días del año que son de vosotros, que es necesario ese día para defender unos derechos que vosotros no teneís porqué defender puesto que vosotros, desde tiempos inmemoriales, habeís hecho las leyes o impuesto por la fuerza la vuestra particular.



Pero no estoy totalmente de acuerdo con esta imagen simplista que pone en oposición hombre y mujer: lo mismo que hay hombres y hombres... hay mujeres y mujeres.



No somos imagenes, caricaturas, caras opuestas de la misma moneda.
Somos la misma cara de dos monedas distintas pero parecidas y de curso legal.



Hay tantas mujeres "defectuosas" como hombres "defectuosos".
Lo mismo que hay tantos hombres tan maravillosos como otras tantas mujeres maravillosas.
Estos defectos y cualidades no tienen sexo. Son del ser humano.



Conozco hombres tiernos y fuertes a la vez. Hombres maravillosos, que no se olvidan jamás.
El padre que guía tus primeros pasos y se desvela por tu futuro.
Los hermanos y primos, compañeros de juegos que te empujan sin miramiento porque te ven como lo que eres: una persona como ellos.
Compañeros de pupitre que hablan y escuchan, y cooperan de igual a igual.
Compañeros de mesa que lo mismo cocinan para ti que tú para ellos.
Compañeros de cama que respetan y satisfacen tus deseos lo mismo que haces tú con los suyos.
Hombres que saben llorar en tu hombro lo mismo que saben secar tus lágrimas.
Hombres que entienden y aceptan tus manías lo mismo que tú, las suyas.
Unos que te dedican su vida lo mismo que tú haces con ellos.
Con cariño, con respeto.



Ninguno es tan perfecto como para tener todas estas cualidades juntas, de la misma forma que ninguna de nosotras tampoco las tiene todas.



Ya sé que no todas las mujeres tienen mi suerte en conocer hombres así, y ya sé que más de una me llamará trásfuga pero... cada uno habla de lo que conoce. Y cada una también.



Pienso que si nosotras tenemos todas o algunas de estas cualidades que algunos nos reconocen, es gracias a ellos: con su mirada nos ha creado.
Y su mirada ha sido tierna, la mayoría de las veces.



Y si algunos de ellos no siempre tienen esas cualidades, es sencillamente culpa nuestra: no hemos sabido crearles a ellos.
La educación que ha estado tanto tiempo en nuestras casi exclusivas manos en el seno de la familia, esta educación de parte de las madres ha sido sexista... ¿cómo quejarnos ahora, si no hemos sabido moldear la materia prima que ellos nos dan y educar a los hijos, hermanos, compañeros o maridos?



Ellos tienen los mismos deseos, las mismas aspiraciones, las mismas metas que nosotras.
Ellos también son maravillosos.



Nosotras, hemos aprendido su idioma pero no les hemos dejado de pequeño aprender el nuestro.
Y es bien sabido que aprender idiomas es más fácil de pequeño que de mayor.
Algunos hablan este idioma de cariño y respeto y otros no, pero la culpa no siempre es suya.



La mujer... el hombre... "grandes inventos". Los dos por igual.



Y como todos los inventos, imperfectos por supuesto, pero susceptibles de mejoras hasta transformarlos en obras de arte, moldeadas con cariño y dedicación.



Señores, yo os aprecio todos los días del año. (... bueno, no a todos por supuesto (una no es tan ingenua como le gustaría poder ser) pero a la gran mayoria.)

martes, 13 de marzo de 2012

Esa persona - II


Esa persona

Son millones en este planeta, pero casi no tienen voz. Muchas de ellas, tampoco voto pero casi todas están ahí. Están donde estuvieron sus madres y sus abuelas y ..., Haciendo posible la continuación de nuestra especie

Muchas veces están en el silencio de las sombras o en las sombras del silencio, nunca he sabido cual de las dos ubicaciones es peor para un ser humano. Otras, unas pocas de entre ellas, están ahí, aportando un punto de cordura

Sin tan siquiera haber aparecido en este mundo, ya nos dedican todos sus cuidados. Nos protegen del frío y del calor. Nos protegen de caídas, golpes y agresiones. Nos transportan en el mejor de los taxis

Nos reciben con sufrimiento y una maravillosa sonrisa, es lo primero que vemos mientras la primera luz y el primer llanto se mezclan, lanzándonos a la vida. Es una bella sonrisa que quedará grabada en lo más íntimo de nuestro ser y que nuestra memoria no es capaz de visionar. Hace falta todo nuestro espíritu para poder cerrar los ojos y seguir disfrutando de ella

Nos dan el primer alimento. Una parte de su propio cuerpo, en el envase más hermoso y con la mejor presentación. Un envase, que a los hombres nos atraerá a lo largo de toda nuestra existencia.

Jugaremos con ellas de igual a igual hasta que un día, sin saber porqué, algo cambia. No puede seguir nuestro empuje, no tiene nuestra fuerza y se convierte en ese ser de trenzas o coletas. Ambas situaciones muy tentadoras. Difícil superar esa tentación de “colgarse de ellas” y luego salir corriendo

Poco tiempo después, algo irrefrenable, nos lleva hacia ellas. Las espiamos en las esquinas, agazapados como cachorros hacemos lo posible y lo imposible para cruzarnos con ella, e incluso ofrecemos nuestra hombría para llevarle los libros. Casi nunca aceptan y si lo hacen, siempre se quedan con ese cuaderno o cartapacio, que abrazan contra su pecho, mientras por encima del canto, asoma su tímida sonrisa . Es una de las poses más sensuales y excitantes

Pasa muy poco tiempo y empiezas a pensar que la vida es algo realmente sensacional. Primeros roces, primeras caricias de tus dedos en su mano, ese beso furtivo y esos otros profundos. Largos paseos, intimidades en la última fila del cine... Momentos, que como la sonrisa de nuestra madre, nos acompañarán siempre

Pocas veces, esa o esas primeras mujeres que caminan a nuestro lado, nos acompañarán a lo largo de nuestra vida, pero como decía estarán siempre en nuestro espíritu y habrán puesto su alfombra en nuestro camino

Nos acompañará en nuestro caminar. Con ella, repetiremos el ciclo de la vida. Será nuestro apoyo, nuestro paño de lágrimas. Nunca estará y su tristeza la esconderá. Nos mostrará la cara amable de la vida y al final, cuando volvamos a ser como niños, seguirán estando ahí, sacando fuerzas no se sabe de donde, para cuidarnos, para hacernos la vida un poco más fácil

Que gran invento

                                     Caballoloco